Lesión de meniscos y esguinces de rodilla: síntomas, diagnóstico y tratamiento parte 1

Al hablar de una lesión de meniscos se hace referencia a la presencia de un esguince sobre los ligamentos externos o internos en la rodilla, producidos a partir de un traumatismo. Debido al dolor que producen, la inestabilidad del área afectada y otros problemas como derrames articulares y atrapamiento de los ligamentos, es necesario que se acuda de inmediato con un especialista que se encargue del diagnóstico del problema, a través de un en examen físico, en ocasiones complementado con una resonancia magnética. En caso de que el esguince sea grave el uso de una escayola o de una intervención quirúrgica para reparar los ligamentos afectados es necesario, pero por lo regular un tratamiento que incluye la protección del área afectada, el reposo, la aplicación de compresas frías y la elevación de la rodilla pueden ser suficientes para alcanzar una adecuada recuperación.

Con la finalidad de ofrecerte información que te permita identificar la presencia de una lesión en los meniscos y de otras que afectan los ligamentos de las rodillas y para que conozcas en qué consiste el diagnóstico y los tratamientos disponibles, a continuación presentaremos las particularidades de las lesiones más comunes en las rodillas que, insistimos, requieren de la atención de un especialista médico.

La rodilla es una articulación en la que se une el fémur y la tibia con la rótula para permitir los movimientos de flexión y extensión propios de esta parte de la pierna. Sin embargo, para poder contar con la estabilidad necesaria para realizar tales movimientos requiere de una serie de estructuras, musculares y ligamentosas que se insertan en su parte lateral, anterior y posterior. La mayoría de estas estructuras se encuentran fuera de los músculos articulares, como el cuádriceps y los músculos isquiotibiales, de sus inserciones, como la pata de ganso, y de los ligamentos extracapsulares, estos son, los ligamentos que se encuentran fuera de la llamada cápsula articular que rodea la rodilla, como el ligamento colateral y el ligamento medial tibial, el cual es extracapsular aunque también se inserta en la cápsula articular. Al interior de la rodilla, tanto la cápsula articular como los ligamentos cruzados posteriores y anteriores son los encargados de proporcionar estabilidad, mientras que los meniscos, ubicados en la parte media y lateral de la rodilla, al tratarse de estructuras cartilaginosas interarticulares, además de ofrecer estabilidad tienen la capacidad de absorber los golpes, siendo esta una de las principales razones por las que se lesionan con regular frecuencia.

Existen diferentes mecanismos por los que se pueden producir lesiones en las estructuras que forman parte de las rodillas, por ejemplo, la aplicación de fuerza hacia el interior de la estructura, que produce una rotación externa y flexión en el menisco interno; la aplicación de fuerza hacia afuera, provocando una lesión en los ligamentos colateral, lateral o en el cruzado anterior, o bien, en ambos; la aplicación de fuerzas posteriores, anteriores y la hiperextensión de la articulación, ocasionando lesiones en los ligamentos cruzados; y la carga de peso y rotación de la articulación al momento del traumatismo, que genera un daño en los meniscos. Los signos y síntomas de las lesiones en las rodillas varían según su nivel de gravedad, pero en todo caso se presenta un dolor que va de moderado a leve y, contrario a lo que se podría pensar, quienes presentan un esguince en ligamentos de tercer grado suelen reportar un dolor menos intenso y en algunos casos pueden caminar sin requerir de ayuda, lo que llega a ocasionar que no traten el problema de manera oportuna. Es común que al momento de producirse la lesión se escuche o sienta una especie de chasquido, que se sienta sensibilidad sobre los ligamentos dañados y dolor al momento de hacer flexión extrema o extensión, principalmente cuando los meniscos se han dañado en su porción medial y lateral. Además existe la presencia de un derrame articular en todas las lesiones de ligamentos o meniscos, el que es visible y palpable.

Para realizar el diagnóstico el médico aplica pruebas con estrés, realiza radiografías para descartar la presencia de fracturas y en ocasiones hace uso de una resonancia magnética. La prueba con estrés tiene como finalidad evaluar la integridad del ligamento y determinar si existen desgarros parciales o completos. En los casos en que el paciente presenta espasmos musculares, hinchazón y un dolor intenso las pruebas con estrés se retrasan hasta que se hayan realizado las radiografías, pues estas condiciones dificultan la evaluación de la estabilidad articular, de modo que se aplica anestesia y el seguimiento se realiza dos o tres días después cuando los espasmos y el edema han desaparecido. Durante la prueba el paciente permanece en cama y el médico manipula la articulación en la dirección en la que el ligamento afectado, en condiciones normales, cumple correctamente su función de impedir el movimiento articular excesivo. Para complementar esta manipulación se aplica la llamada prueba de Apley, en la que se flexiona la rodilla del paciente a 90 grados y la rota al tiempo que la presiona hacia abajo, repitiendo la rotación cuando la aleja. Cuando el movimiento de compresión genera dolor puede tratarse de una lesión de meniscos, mientras que si el dolor se da en la distracción posiblemente se trate de una lesión de la cápsula articular o ligamentosa. La prueba de Lachman es otra evaluación física aplicada para el diagnóstico de lesiones de rodilla y resulta especialmente útil para detectar los desgarros agudos en el ligamento cruzado anterior. Consiste en flexionar la pierna a 20 grados y moverla hacia adelante, ello para identificar si existe un movimiento anterior excesivo de la tibia en relación con el fémur, en cuyo caso es posible que exista un desgarro importante.

Por otro lado, para evaluar los ligamentos colaterales medial y lateral se realiza una flexión de 20 grados manteniendo los músculos isquiotibiales relajados, el médico coloca una mano sobre cara de la rodilla que se encuentra en posición contraria al ligamento evaluado y con la otra tira la pierna hacia afuera tomándola del tobillo o para dentro. Si con estos movimientos se detecta inestabilidad, se trata de una lesión de desgarro de menisco, de ligamento cruzado o de ligamento colateral. Los estudios con radiografías, por su lado, se aplica cuando los pacientes son mayores de 55 años, cuando presentan una sensibilidad aislada en la rótula o en la cabeza del peroné, cuando tienen incapacidad para flexionar la rodilla a 90 grados y cuando no pueden apoyar el peso sobre la pierna o caminar sin cojera. Mientras tanto, los estudios con resonancia magnética únicamente se realizan cuando existe sospecha de una lesión grave interarticular y cuando, después de unas semanas de seguir un tratamiento conservador, el estado de la lesión no mejora.

En la segunda parte de esta publicación hablaremos de los tratamientos aplicables para estas lesiones y presentaremos algunas medidas preventivas. Recuerda acudir con un traumatólogo especialista si sospechas de alguna lesión, como el Dr. Félix Vilchez de trayectoria reconocida en el tratamiento de lesión de meniscos.

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