Ligamento cruzado anterior

La rodilla es una articulación sumamente compleja que une el hueso del muslo (fémur) con el de la pantorrilla (tibia), es decir, está en medio de la pierna, siendo lo que le permite doblarse para caminar, correr, sentarse, etc. En otras palabras, esta articulación es el fundamento de nuestra habilidad locomotora. La rodilla está compuesta de tres huesos (fémur, tibia y rótula), cápsula articular, meniscos y ligamentos (además de las bolsas serosas, vasos sanguíneos y músculos).

Los ligamentos dan estabilidad a la rodilla y evitan los movimientos excesivos que podrían dañar la articulación. Hay dos tipos principales de ligamentos, los intraarticulares o intracapsulares (es decir, aquellos que se encuentran en el interior de la cápsula articular) y los extraarticulares o extracapsulares (aquellos que están por fuera de la cápsula articular).

Los ligamentos intraarticulares son los siguientes: ligamento cruzado anterior, ligamento cruzado posterior, ligamento transverso, ligamento meniscofemoral anterior y ligamento meniscofemoral posterior. Por otra parte, los ligamentos extraarticulares son: ligamento rotuliano, ligamento poplíteo oblicuo, ligamento poplíteo arqueado, ligamento alar-rotuliano interno, ligamento menisco-rotuliano interno, ligamento lateral interno, ligamento alar-rotuliano externo, ligamento menisco-rotuliano externo y ligamento lateral externo.

El ligamento cruzado anterior es aquel que, precisamente, liga la parte posterior-lateral del fémur con la parte antero-medial de la tibia, pasando por detrás de la rótula. Gracias a este ligamento se evita un desplazamiento hacia adelante de la tibia en relación al fémur, que aunado a la labor recíproca del ligamento cruzado posterior, permite que la rodilla tenga una estabilidad rotacional. Las lesiones de los ligamentos son conocidas como esguinces, y se producen al desgarrarse éstos.

La lesión del ligamento cruzado anterior es bastante frecuente en los deportes de competición como el fútbol, el rugby, el esquí, el hockey, la natación, entre muchos otros, por lo que es una de las lesiones que más se estudian en el campo de la Traumatología Deportiva; de hecho, por lo general, más del 50% de este tipo de lesiones en la población la presentan los deportistas.

Tanto los ligamentos como los meniscos suelen sufrir lesiones por los practicantes de este tipo de deportes, dándose el caso, por ejemplo, de la famosa tríada de O’Donoghue o tríada desgraciada, que es la rotura o desgarro del ligamento lateral interno, el ligamento cruzado anterior y el menisco medial. De hecho, no son tan frecuentes los casos de lesión aislada, siendo lo común que existan lesiones acompañantes, lesiones que pueden ser meniscales o condrales, o incluso (aunque más raras) de otros ligamentos y rotulianas.

Con el incremento en las exigencias del mundo del deporte, estas lesiones se hacen cada vez numerosas, tendiendo los porcentajes a incrementarse cada año. Aunque estas lesiones son más frecuentes en los deportes de contacto, lo cierto es que no siempre se producen por contusiones, siendo altamente frecuente que haya esguince sin contacto con otro jugador de por medio, debiéndose, como decíamos, a movimientos excesivos y/o bruscos del propio jugador.

Las causas de una lesión del ligamento cruzado anterior pueden ser: contusiones fuertes en la zona de la rodilla; aterrizajes incorrectos; detención o desaceleración repentinas y bruscas; y cambios rápidos o bruscos de dirección.

Entre los síntomas que denuncian una lesión del ligamento cruzado anterior están la sensación de crujido, inflamación, cojera, imposibilidad de apoyo, sensación de que el muslo se dobla hacia la pantorrilla y las flexiones involuntarias de la rodilla, pérdida del rango de movimiento; entre otros. El examen médico es sumamente relevante, pues ayudará a determinar qué tan grave es el esguince.

La lesión del ligamento cruzado anterior tiene tres grados: grado I (no afectan la capacidad global de la articulación para soportar el peso del cuerpo); grado II (inestabilidad moderada en la articulación), grado III (desgarro total, inestabilidad total de la rodilla). En el examen, el médico le preguntará por la situación en que se dañó su rodilla, el tipo de movimiento que causó la lesión, además de indagar en los síntomas que ha tenido (tiempo de aparición de hinchazón y dolor, pérdida de rango de movimiento, inestabilidad, etcétera).

Primero, el diagnóstico se centrará en la revisión de las estructuras de la rodilla lesionada y la comparación con aquella no lesionada; en caso de que el examen físico arroje como resultado la presencia de una lesión importante (presencia de inestabilidad articular), el médico podrá determinar la realización de una resonancia magnética o bien llevar a cabo una artroscopia.

Por lo general, en el último tiempo se ha preferido la artroscopia a los procedimientos utilizados anteriormente, es decir, las cirugías abiertas, porque hay menor daño a los tejidos corporales, los tiempos de recuperación son menores (factor sumamente relevante en el caso de los deportistas) además de ser, en conjunto, una operación más rápida y eficaz. La artroscopia puede ayudar a desarrollar diagnósticos de intervención más eficaces porque permite acceder directamente a la articulación y ver los problemas concretos que pueden existir. Posteriormente, se podrá conducir la intervención quirúrgica.

La artroscopia es un procedimiento quirúrgico que consiste en la inserción en dos incisiones practicadas en la zona de la rodilla por donde se introducirán, en una fibra óptica, una cámara, una fuente de luz y el instrumental quirúrgico.

El proceso de recuperación de la operación es casi tan importante como la operación misma y de ella dependerá la recuperación del rango articular previo a la lesión. Para la recuperación es importante que siga al pie de la letra los consejos que nuestro médico le dará.

Por ahora es todo, lo invitamos a que se mantenga al pendiente de nuestras publicaciones en las que le informaremos con detalle sobre los diversos servicios que ofrecemos. Nos vemos en la próxima entrada del blog del reconocido Dr. Vílchez, especialista en traumatología deportiva. ¡Hasta pronto!

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